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20.4.1

20.4.1: 10. LAS INVASIONES BÁRBARAS

20 planos, 4 secuencias y 1 MacGuffin
ciclo II: TABÚES

26 de marzo a las 18:00 h.

LAS INVASIONES BÁRBARAS de Denys Arcand
Canadá. 2003. 99 min. V.O.S.

Título original: Les Invasions barbares. Director: Denys Arcand. Guión: Denys Arcand. Fotografía: Guy Dufaux. Música: Pierre Aviat. Montaje: Isabelle Dedieu. Productores: Denise Robert y Daniel Louis. Formato: DVD, Color. Género: Drama. Reparto: Rémy Girard,  Stéphane Rousseau,  Marie-Josée Croze,  Dorothée Berryman,  Louise Portal,  Dominique Michel,  Yves Jacques,  Pierre Curzi,  Marina Hands,  Toni Cecchinato,  Mitsou Gélinas,  Sophie Lorain,  Johanne-Marie Tremblay,  Denis Bouchard,  Micheline Lanctôt.

Un hombre con un cáncer avanzado tiene dificultades para aceptar la realidad de su inminente muerte y encontrar un momento de paz antes del final, especialmente porque lamenta ciertos aspectos de su pasado. Su hijo -con el que se había distanciado-, su ex-mujer, ex-amantes y viejos amigos irán a reunirse con él para compartir sus últimos momen-
tos.

INVITADO:

SANTIAGO BENJUMEA RODRÍGUEZ
Profesor Titular del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Sevilla,

“Mis intereses como docente e investigador han sido los procesos de Aprendizaje (cómo diferentes experiencias afectan a la conducta desplegada por los individuos ) tanto en sujetos humanos como en organismos no humanos, ratas y palomas primordialmente.

Dentro de la Psicología se me puede clasificar como Conductista Radical, esto es, enmarco mis concepciones psicológicas dentro de la tradición fundada por el psicólogo norteamericano B.F. Skinner (1904-1991).

En relación al cine, reconozco que fue mi segunda vocación (la primera fue la de Director de Orquesta Sinfónica), afición que fue desarrollándose en mi adolescencia y que estuvo a punto de dar conmigo en la extinta Escuela Oficial de Cinematografía en su especialidad de dirección. Sin embargo, la necesidad de contar con el permiso paterno para ingresar en tan egregia institución antes de cumplir los 21 años, me derivó hacia el estudio de las humanidades , estudios que inicié en la década de los setenta en la Facultad de Filosofía y letras de la Universidad de Sevilla. Dicho periodo lo consideré un paréntesis de espera (hasta cumplir la ansiada edad de los 21) a fin de compensar el analfabetismo cultural de un alumno procedente del bachillerato de ciencias. Sin embargo, ciertas amistades y la promesa paterna de financiar mis estudios de cine “una vez acabada una licenciatura” me hicieron acabar como alumno de Psicología de la Universidad de Barcelona. Cuando, recién licenciado, quise volver mis ojos hacia la Escuela de Cine, ésta había desaparecido y diluido sus funciones en las recién creadas facultades de ciencias de la información. Por esa razón, y por la alta motivación de casarme y emanciparme, acabé siendo psicólogo clínico, educativo y laboral hasta que a finales de los setenta ingresé como profesor ayudante en la recién creada “Sección de Psicología” de la facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. Fue así como acabé dirigiendo las vidas de mis animales de laboratorio, en lugar de las de actores o músicos…

Uno de mis alumnos más brillantes, y hoy actual compañero de Departamento , el Dr. Andrés García compartía conmigo la doble afición por los estudios de condicionamiento en animales por un lado y el buen cine, por otro.. Así que cuando dicho alumno emigró a la UNED como profesor, comenzó a organizar diversos cursos de verano bajo la rúbrica de ”Psicología y Cine” , los que nos permitió hablar sobre películas como “La Naranja Mecánica” de Kubrick, “Mumford” de Kazdan o “El pequeño salvaje” de Truffaut por diversos lugares de la geografía española. .El curso pasado (2008-2009) hicimos una edición de dicho curso dentro de los de extensión universitaria de la Universidad de Sevilla, con notable ausencia de público y crítica.”


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Reseña por Juan Zapater

No es cuestión de dilucidar si los bárbaros y sus escaramuzas provocaron el declive del imperio romano o si fue precisamente la decadencia de Roma la que permitió y alimentó la victoria de las hordas bárbaras. En el caso de Denys Arcand la duda no existe, porque es evidente que LAS INVASIONES BÁRBARAS (2003) se ha hecho posible gracias a EL DECLIVE DEL IMPERIO AMERICANO (1986). De hecho, es consecuencia de él, de él emana y con él conforma un díptico articulado por un salto temporal de 17 años. Para quienes vieron y recuerdan el filme de 1986, enfrentarse con los mismos actores y los mismos personajes ofrece el atractivo del reencuentro, el regusto de la nostalgia, el escozor de la melancolía y el placer de asistir a un texto fílmico adulto, sugerente y cínicamente emotivo. Para quienes no saben de EL DECLIVE DEL IMPERIO AMERICANO, LAS INVASIONES BÁRBARAS no sólo no carecerán de sentido sino que incluso es probable que les fomente la curiosidad por recuperar las raíces de Louise, Dominique, Pierre, Claude,… un heterodoxo grupo de amigos que se reencuentran ante la grave enfermedad que muerde a Rémy, sin duda el más locuaz, el más iconoclasta, el más vital de todo ese grupo de supervivientes del naufragio de la contracultura.

Denys Arcand, cuyo bagaje cinematográfico, aunque escaso en títulos, incluye desde el documental al thriller, se sirvió en EL DECLIVE DEL IMPERIO AMERICANO del ensayo para, como explícitamente sugiere su título, analizar los rasgos de una sociedad anclada en el consumismo, el poder y el dinero. Su diagnóstico era feroz: un fatal desenlace, el final de un sueño, la agonía de un estado fracasado en todos sus frentes menos en uno: el dólar.

Narrativamente Arcand se servía de una serie de personajes para poner en la boca de cada uno de ellos un discurso en el que las llamas de la juventud habían dejado paso a las brasas de una madurez pertrechada en la sociedad del bienestar pero profundamente insatisfecha en lo íntimo y personal. En aquel retrato generacional Arcand enfrentaba el desmoronamiento de las ideologías con el amanecer del pensamiento débil, el desengaño de una juventud que se iba con la frágil tabla de salvación del sexo, el exceso y el conocimiento.

Cuando Arcand construyó su libelo del imperio americano la informática era ocupación de ingenieros y artistas, la URSS era la URSS, todavía un muro circundaba Berlín, el concepto de la globalización estaba sin popularizar y ni en las peores pesadillas alguien podía soñar con que un grupo de iluminados harían desaparecer en medio de sangre y fuego las Torres Gemelas. Así que en LAS INVASIONES BÁRBARAS, más o menos explícitamente, Arcand levanta testimonio de todo esto como si al evocarlo nos subrayase los cambios del mundo. Esto es lo que ha ocurrido en este tiempo parece decir, pero eso no es lo que realmente les importa a sus protagonistas responde el propio texto fílmico desde los pliegues -y son muchos- de un entramado narrativo que cambia rabia por impotencia.

Los sucesos emblematizan el tiempo histórico pero no enseñan las claves de la Historia, esa hay que arrancarla a una realidad más confusa cuanto más informada. Así que esas “invasiones bárbaras” a las que alude el título apenas se insinúan en un relato que aunque no renuncia a realizar la autopsia al hoy y al ahora, deja la sociología para el juego retórico y se centra en los individuos a los que en esta cita se concita. Porque de eso se trata, de concitar, de atraer a unas personas contra sí mismas, eso es lo que se hace en LAS INVASIONES BÁRBARAS. Allí, en un hospital donde el estruendo de un reencuentro, padres e hijos, amigos y amigas, amantes y ex-cónyuges, disuelve el rumor de fondo de una sociedad no ya en declive sino con los principios de la putrefacción en marcha, Arcand esboza una ceremonia triste.

Pero esa tristeza no arranca de la enfermedad terminal que carcome a Rémy sino del cáncer social que canibaliza su marco de referencia. Si hemos de mirar con sosiego lo que LAS INVASIONES BÁRBARAS propone, habrá que distanciarse. Alejarse para no sentirse zaherido por la debacle no del imperio sino de quienes soñaron con hacerlo más habitable, más justo, más solidario, más humano. A Arcand no le tiembla el pulso a la hora de mostrar el efecto de LAS INVASIONES BÁRBARAS en ese grupo de “senadores” cultos, razonablemente prósperos y quejosos de la decadencia de su sociedad rica. En su caso, la tribu bárbara que más les ha atacado es la edad, el envejecimiento, el agotamiento y la desilusión. El grupo de amigos que compartía confabulaciones de salón y coherencia personal en EL DECLIVE ahora se encuentra desparramado, desorientado, individualizado.

Todo empieza con la llamada de Louise, ex-esposa de Rémy, al hijo de ambos, SÈbastien. El mensaje es claro, el viejo patriarca agoniza y él, el hijo pródigo, el que avergüenza a su padre porque se ha convertido en un hábil especulador financiero, un capitalista, el fracaso de un socialista de “buena vida”, vuelve a casa porque… su madre le necesita. Arcand fortifica en apenas 90 minutos más material candente que la mitad del cine de Hollywood en una década. Sin aparentarlo y sin abrumar, la película ofrece densidad, palpa honduras que molestan y siembra todo el filme con gestos, guiños, actitudes y respuestas que cuando menos provocan controversia, perturban porque rozan, acongojan porque arrancan la piel y, para más inri no propician agarradera alguna. Estas invasiones bárbaras arrasan no los fundamentos del imperio sino las esperanzas de quienes confiaban en mejorar las reglas, en cambiar el juego.

No en vano la etapa final de Rémy cubierta, en lo personal, con dignidad, emotividad y hasta alegría la salva el dinero con el que su hijo compra todo lo comprable: es decir casi todo. Ese dinero, el dólar, que Rémy repudia como símbolo de lo que no desea, se transforma en el verdadero motor que endulza su viaje postrero. Con dinero SÈbastien mueve personas, consigue alivio al dolor de su padre, corrompe a funcionarios para obtener ventajas y recupera algo de sí mismo. Pero Arcand, un peso pesado por la fuerza de su pegada, por la enjundia de su pensamiento, no reduce todo a eso, al contrario. Da respiro a sus personajes, a los que sin duda quiere -de otro modo difícilmente los hubiera vuelto a llamar- y esboza un vibrante tutti final en el que cada uno encuentra espacio para su propia reconciliación. Incluso en esa hilera de jeringuillas preparadas para conceder el gran descanso, Arcand alimenta la esperanza. La esperanza de practicar la coherencia personal, la piedad, el afecto y la tolerancia en un tiempo de derrumbe, en un tiempo de cultura bárbara, de cultura cruel si es que cruel y cultura pueden pueden converger juntas en viaje alguno.

Reseña publicada en:

http://www.golem.es/lasinvasionesbarbaras/index.php?seccion=prensa

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Los viernes, proyecciones en el Salón de Actos Manuel Trillo de la Escuela Técnica de Arquitectura de Sevilla.

DIRECCIÓN: Avda. Reina Mercedes, 2. Para llegar en autobús: TUSSAM líneas 6 y 34.
HORARIO: 18h: Espacio del invitado: conferencia. 19h: comienzo de la proyección. Debate posterior entre los asistentes.

ENTRADA GRATUITA

Esta actividad tiene reconocidos 2 créditos de libre configuración por la Universidad de Sevilla para los alumnos que asistan, al menos, a un 80% de las proyecciones

Organiza: Asociación Audiovisual Cónica
Patrocina: Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla
Colabora: Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, Aula de Cultura de la ETSAS y el Aula de Cine – CinETSAS.

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Discussion

2 Responses to “20.4.1: 10. LAS INVASIONES BÁRBARAS”

  1. Me gustaria si saber si este es el metodo para poder asistir a cursar estos creditos de libre configuracion.De no ser asi me gustaria saber como puedo hacerlo.Gracias

    Posted by manuel soria | 28. abr, 2010, 11:53

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